Ciberespionaje, Snowden e hipocondría justificada

            Últimamente se ha vuelto habitual en las películas y series la figura del “informático de retaguardia”, una especie de geek o friki de las tecnologías que es capaz tanto de descubrir la localización de un capo a través de los movimientos de su tarjeta de crédito como de conseguir el número de teléfono de la persona que le gusta (para bien o para mal). Véanse para el caso a la Penélope García de Mentes criminales o a los simpáticos protagonistas de The IT Crowd.penelope garcia.jpg

            Lo curioso es que en el imaginario de las series norteamericanas se reconoce a esta figura como a la de un héroe: tiene su disposición las bases de datos más inaccesibles de los Estados Unidos, con información amplia, detallada y secreta de cada uno de sus ciudadanos, y las utiliza para “hacer el bien”. Los cuerpos de investigación criminal de la nación son moralmente reconocidos como “los buenos” en la contienda ética.

            Sin embargo, ¿de qué va esa autopromoción estatal que destapa sin ninguna vergüenza su condición de vigilante? ¿Cuál es la diferencia entre el uso ficticio y el uso real del control de información privada que se lleva a cabo mediante Internet? ¿Cómo nos afecta? ¿Es necesario? ¿Es bueno?snoww.jpg

            En junio del año 2013 los diarios internacionales The Guardian y The Washington Post sacaron a la luz el ciberespionaje que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) llevaba a cabo a distintos países, incluso a aquellos con los cuales tenía una relación diplomática estrecha. Hay recogidos documentos acerca de más de 120 jefes de Estado. También se destaparon las incursiones que el Estado hacía en la intimidad personal con el acceso indiscriminado a informaciones privadas. Los informes reveladores fueron filtrados voluntariamente por un extrabajador de la Agencia: Edward Snowden.

          Consciente de la repercusión que tendrían los documentos, Snowden decidió mostrarlos por una cuestión de principios: se declara defensor de la libertad de Internet y de la protección del derecho a la intimidad. La CIA lo contrató como experto en seguridad informática; fue destinado a Ginebra como agente encargado de la protección de la red y la NSA lo contrató hasta que, estando fuera del país, trasladó a los periódicos los programas clasificados como alto secreto. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos considera su actuación un asunto criminal y ahora el futuro de Snowden si regresa a su país es incierto. Por ahora se encuentra de asilo político en Moscú.

            La periodista de la Sexta Ana Pastor se trasladó a la capital rusa la semana pasada para entrevistar a Edward Snowden; en el encuentro se habló del ciberespionaje estadounidense a España. Cada año la NSA retiene incontable información mediante las empresas de telecomunicaciones. Tenemos la seguridad de que, como ciudadanos, estamos en el punto de mira. Sin embargo es muy extraño que los altos cargos estatales no iniciaran una guerra de represalias contra el gigante americano; tan solo fueron unas pocas disculpas las que se dirigieron a Ángela Merkel o a François Hollande. Las relaciones diplomáticas parecen no haber sufrido daño alguno a pesar de lo reciente de los hechos. Cabe imaginar ciertas conversaciones privadas respecto al consenso del espionaje internacional. Si los líderes se han tomado con calma estas intromisiones, es lógico pensar que muchos gobiernos estén repitiéndolas en sus propios Estados con la gente de a pie.

ana pastor edward snowden

               No es nada complicado recabar datos sobre nosotros. Los publicamos todos los días a través de nuestras redes sociales: edad, sexo, orientación sexual, situación sentimental, familia, amigos, ideología, intereses, ubicación, empleo, actividades diarias, sitios que frecuentamos, imágenes, vídeos… El gran buscador Google toma nota de las palabras que buscamos y de las páginas a las que accedemos para diseñarnos publicidad. Youtube nos hace recomendaciones guardando información acerca de lo que vemos. Incluso la primera campaña electoral de Barack Obama utilizó la herramienta de Facebook para diseñar mensajes privados para sus potenciales votantes.

            Las confesiones de Snowden generan de pronto la inseguridad en la ciudadanía mientras que la clase política internacional evita hablar de ciberespionaje. Si es cierto que pueden analizar cada una de nuestras palabras a través de las empresas de telecomunicaciones, tenemos una intimidad reducida a cero. Si el gobierno estadounidensheroe puede espiarnos como individuos, no es tan descabellada la idea de que lo haga nuestro propio país. Hay cláusulas presentes en el Derecho acerca de los secretos de Estado, asuntos de seguridad nacional e información clasificada. Sin embargo en la Constitución Española se reconocen como derechos fundamentales la privacidad de las comunicaciones, el derecho a la intimidad, el derecho a disponer de la propia imagen y el derecho al olvido. Si el Derecho constitucional y el Derecho internacional conceden ciertas garantías que se oponen totalmente al espionaje, ¿cómo es que las actividades de la NSA han sido pasadas por alto?

            La solución al ciberespionaje no está clara. Hoy en día mucha gente habla por WhatsApp tanto o más que cara a cara. Todo lo que sea dejar huella en la red puede volverse en nuestra contra. Pero no sucumbamos a la hipocondría: tenemos un pequeño reducto de libertad en el que podemos escoger qué volcar en Internet acerca de nosotros y qué no. Podemos contar nuestras confesiones más íntimas tomando un café. Podemos ser activistas en las calles y no solo en Twitter. Podemos comprar el periódico en el quiosco. Podemos pasar una tarde con nuestros amigos sin sacarnos ni una sola fotografía. Podemos ir a un concierto sin grabar ninguna canción. Podemos escribir nuestras reflexiones en papel. Podemos viajar sin compartir nuestro trayecto por Facebook.

            El anonimato hoy en día es un bien muy preciado. Se puede salir de la presión constante del entorno, saltar a la calle por la ventana decorada que es nuestro perfil público. Podemos vivir nuestra vida en paz sin ser importunados por ninguna conspiración mundial. De verdad que se puede. Levantemos la mirada de la pantalla y miremos a nuestro alrededor. Hazlo, ¡ahora!

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Conchi Castellano Nogales

Fuentes:

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