Sociedad de la información y realidad

correa tfn

  • 7:32h. Línea de metro. Veintisiete puntos de luz en veintisiete manos. Tardarán una media de seis minutos antes de llegar a su estación de destino, salir a la calle y dirigirse al trabajo, al instituto, a la universidad, o a dormir.
  • 11:56h. Universidad. El docente habla y la mesa de los alumnos oculta bajo su superficie la vibración de un WhatsApp que no puede ser desatendido.
  • 15:13h. Cocina del hogar. El aceite burbujea en la sartén mientras la señal WiFi cae y silencia la canción de Spotify.
  • 18:47h. El flash de la autofoto deslumbra al protagonista de la próxima subida a Instagram.
  • 20:36h. Sostiene el móvil en medio del frío mientras Google Maps le lleva al punto de encuentro con su cena.
  • 00:28h.    El sueño anuncia el fin del chequeo de Facebook, pero la pestaña superior izquierda muestra +9 novedades.

                Madrid es un escaparate; la gran belleza se muestra diariamente entre sus calles, en sus filtros, en sus perfiles, en sus hashtags, en sus convenciones, en sus mercadillos, en sus conciertos, en sus fiestas, en sus recitales, en sus periódicos, en sus cafeterías, en sus tiendas, en sus desfiles. Hoy en día se culmina esa hermosura en la ruina, en lo atractivo de la decadencia, del hambre y de la sumisión, pero también en la opulencia de la revolución, de las mujeres rapadas, de las comunidades autogestionadas y de los modos de vida alternativos. Y unido a los lugares donde se transitó en el pasado está presente el ciberuniverso como canalizador de todo ello.

                Con tanta velocidad en la imagen, en la noticia, en la información y, en definitiva, en las conversaciones dentro de internet, siento que necesito bajarme del tren e intentar decidir a qué ritmo me apetece seguir caminando. La visión internáutica se me asemeja al mito platónico de la caverna con el agregado de no poder cerrar los ojos; en ese escaparate de sombras no paro de mirar pero no consigo ver nada en claro. Estoy sentada contra un muro que se llama primer mundo, atada por las convenciones sociales, con la vista fija en una pared que es la presunta realidad. Hay tanta silueta, tanta variedad, tanto ruido, risa y llanto, que me satisfago con estar muy quieta y prenderle un corazón a aquello que siento que puedo soportar.

                Y es que pfb megafonoasamos tanto tiempo metidos en las redes sociales que incluso cuando lo hacemos con un ánimo cívico, es decir, cuando leemos las noticias, nos contentamos con consumirlas; en el McDonald’s de los medios digitales nos hinchamos y nos vamos a dormir la siesta. La teoría de la aguja hipodérmica de Lasswell explica que hay una cantidad tan abrumadora de información circulando que con tal de acceder a ella el sujeto se siente realizado y no “pasa a la acción”. ¿De qué sirve estar informados si no hacemos nada al respecto?

                Las estadísticas revelan que hay un total de 35,7 millones de usuarios activos de Internet en España; el 77% de la población tiene acceso a la red. Dentro de la infinidad de posibilidades que ofrece, el 66% de los internautas invierten el tiempo en ver qué hacen sus contactos; el 58% en reproducir vídeos y música, el 52% en enviar mensajes, el 39% en publicar contenidos y el 34% en chatear. Grupos menores se dedican a comentar la actualidad y tan solo un 29% de las personas que acceden a la red lo hacen con fines profesionales y/o de estudio. Por ello las redes sociales más valoradas son Youtube, Spotify, Instagram, Facebook y Twitter, seguidas por Pinterest, LinkedIn y Flickr. La fuerza de Spotify y Youtube supone un incremento en las estadísticas de los audiovisuales. Además, uno de cada cuatro usuarios sigue a marcas y participa en concursos con frecuencia.

                Los móviles se erigen como el dispositivo más importante de acceso a Internet gracias a las aplicaciones, “apps” en inglés; en nuestro país las más utilizadas son WhatsApp, Facebook, el messenger de Facebook, Twitter, Skype, Google+, Instagram, etc. A través de los móviles un 29% de los usuarios ve vídeos, un 22% descarga juegos y un 18% utiliza el GPS.

                Por el lado económico, los sectores de actividad se han visto potenciados gracias a Internet; en cabeza se halla el de telecomunicaciones y tecnología con un 39% de seguimiento; cultura y medios de comunicación se iguala a belleza a higiene con un 37%, mientras que alimentación agrupa un 37%.

                Estas estadísticas revelan un uso preocupante de Internet para las redes sociales como pilar. Las ventajas de las redes se concentran en torno al derecho fundamental de la libertad de expresión, que da pie a posibilidades como el ciberactivismo, la libre cultura, la autopromoción, la comunicación entre personas lejanas, etc., pero el mayor inconveniente es el de la pérdida de tiempo: la cultura de masas significa el consumo imparable de contenidos, de posts, de vídeos e imágenes irrelevantes que ocupan nuestros periodos de acceso a las redes y que fomentan la falta de concentración y la insensibilización frente a los problemas reales.

                La clásica pregunta de “¿en dónde estamos?” se respondía antes en “el aquí” y “el ahora” es decir, por encima de las pantallas y en las circunstancias que rodean al sujeto en el momento en que se plantea las cosas: el cielo, el suelo, la familia que estáfb ego en la mesa, los amigos que nos miran a los ojos, el maestro que imparte la clase, el concierto que estamos presenciando, la ciudad que estamos visitando, etc. Sin embargo ¿es hora de considerar el momento presente incluyendo el universo de Internet que vivimos? Si uno se para a pensarlo, pasamos horas y horas del día tan solo observando nuestro teléfono. ¿No es eso parte de estar vivo? ¿O acaso nos perdemos de la realidad? Considerando que el tiempo que pasamos mirando actualizaciones en Facebook no aporta nada en la mayor parte de los casos, me atrevería a decir que es mejor bloquear el móvil y mirar a nuestro alrededor. La sociedad de la información actual nos inunda, nos envuelve, nos seduce y en ocasiones nos agobia, pero desde luego no nos deja indiferentes. Es hora de reconocerla como parte intrínseca de nuestro mundo, pero hay que valorar en qué medida afecta a las personas y cuáles son sus consecuencias. Empezando por concebir la realidad de una manera más sana, más allá de la lucha por el like y de la continua actualización del estado.

Conchi Castellano Nogales.

Anuncios

One thought on “Sociedad de la información y realidad

  1. Un tema de lo más candente en los tiempos que corren, ¡y cómo corren! La información nos llega en microsegundos, desde cualquier lugar del planeta y sobre cualquier cosa. Solamente hemos de abrir nuestros timelines en Twitter o nuestros muros de Facebook y de golpe nos encontraremos con tanta información que nos costará asimilarla, tal y como lo has explicado.

    La información está en el aire, ¡y es así! Las ondas electromagnéticas van cargadas, nos traspasan esa información y con ella la carga que supone. Ahora es más fácil sentir “empatía” (si es que sigue conservando el mismo significado que antes) hacia las situaciones ajenas a nuestro entorno local. Hay problemas a nuestro alrededor y muchísimos más alrededor del mundo. Por muy lejos que estén, nos llegan como quien se asoma a la ventana y escucha lo que la gente dice mientras pasea, lo que el vecino le comunica al de al lado por medio de ese sistema tan “sofisticado” que es el grito. Y sí, aún queda gente que escucha, aquellos que aún disfrutan del piar de los pájaros, del susurro del viento, de la caricia de la lluvia, la risa del sol, el roce de las cuerdas de una guitarra, las notas de las voces de la calle, la orquesta urbana… Eso y mucho más escuchan aquellos que aún lo hacen. Sin embargo, hay a quien aún le cuesta diferenciar entre “oír” y “escuchar”; a mí me lo explicaron en Primaria y Secundaria dos excelentes profesoras que me dejaron marcado su significado.

    ¡Vaya! Si es lío este el que he montado en el formulario del comentario… ¡Inaudito!

    Conchi, ya te lo dije en privado, pero te lo digo en público pues me encanta expresar mi opinión y sobre todo cuando se trata de cuestiones como esta: me ha gustado mucho como has abordado el tema, creo que se puede desarrollar un debate interesante sobre la “infoxicación” y que por supuesto, te perdono lo de las fuentes… ¡Jajaja!

    Espero leer más señorita. Y ahora, marcho a descansar, que no sé ni como he podido escribir esto (no se asuste pues si hay alguna falta por la que merezca ser juzgado cual “cristiano malo” por la Inquisición).

    Saludos, Iván

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s