La brecha digital en un mundo capitalista

ordenadores basura                Desde el primer mundo es complicado tener una consciencia permanente de la desigualdad mundial en el acceso a las nuevas tecnologías, y en concreto a las redes. La falta de conocimiento y de recursos en los países que desde occidente se llaman “subdesarrollados” genera la denominada brecha digital. Se entiende como primera brecha la imposibilidad de acceder a equipos digitales; la segunda brecha es la de quienes pueden utilizarlos pero no saben cómo hacerlo, no los comprenden.

                La brecha digital es una de las marcas de la desigualdad social en el mundo globalizado Significa una mayor dificultad en las posibilidades de desarrollo porque no se entra en contacto con los ordenadores y demás dispositivos desde la niñez; se vive una desventaja desde el principio: en nuestros días es imprescindible el uso de Internet para cualquier trabajo intelectual.

                Entre los países con una población notoria y con mayor penetración de Internet se sitúan Holanda con un 92,7% en Europa, Canadá con un 92,5% en Norteamérica, Puerto Rico con un 78,8% en Centroamérica, Argentina con un 80,1% en Sudamérica y Marruecos en África con el 51%, mientras que Australia ostenta un 78,3% y Asia en su conjunto solo muestra una penetración del 27%.

                Incluso en las estadísticas más positivas se observa la diferencia entre la división norte-sur; los países del tercer mundo sufren la falta de competitividad por la escasa cualificación de sus trabajadores. Los factores económicos—que no han de ser necesariamente capitalistas—sustentan las circunstancias políticas y condicionan a su vez la existencia o no de un buen sistema educativo. Éste es el riqueza pobrezaimpulso principal para la implementación de tecnologías diversas y para el progreso. La infraestructura descrita por Marx supone la escisión entre naciones también a nivel digital: los países con una menor penetración en Internet son Somalia en África con un 1,2%; Timor Oriental en Asia (0,9%), Bahrain en Oriente Medio (1,1%) y Bolivia en Sudamérica (1,7%). Los peores datos del primer mundo (Norteamérica y Europa) se corresponden con el 48,6% en México, el 53% en Grecia y el 34,1% de Ucrania. Aun dentro del posicionamiento negativo, las cifras son considerablemente mayores que en África o Latinoamérica. De Corea del Sur y del Sáhara Occidental ni siquiera hay datos.

                Es cierto que desde el año 2000 hasta el 2015 la supresión de la brecha digital se ha atisbado en países de reciente incorporación al horizonte económico: por ejemplo, ciertas naciones de Hispanoamérica que han incrementado su competitividad a nivel internacional. Sin embargo, ¿a qué precio? No todos los países pueden competir al mismo nivel en un mundo con tanta desigualdad, en donde los derechos de los trabajadores se ven atacados para nivelar la producción. Por ello, aunque Brasil haya aumentado 24 veces el número de usuarios de internet que tenía hace quince años, sus condiciones sociales no se han visto necesariamente mejoradas.

                Organismos internacionales como la ONU, UNESCO o UNICEF tienen en cuenta el problema de la brecha digital y han propuesto medidas para paliarlo. Es evidente que las nuevas tecnologías son fundamentales para el crecimiento econónegritos ordenadormico, la lucha contra la pobreza y la integración en la economía mundial. Algunas de las soluciones barajadas son el abaratamiento de las conexiones, la asistencia a la formación profesional y la creación de infraestructuras. Las Naciones Unidas plantean la solución de la brecha digital en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La Unión Internacional de Telecomunicaciones muestra datos poco esperanzadores; son el abanderamiento de las Cumbres Mundiales sobre la Sociedad de la Información (CMSI), que colocan a la brecha digital en el centro de sus conferencias y debates. Ya en el año 2003 se propusieron 28 puntos para acabar con la brecha digital; comprometen a los gobiernos a adoptar medidas tecnológicas y a llevar a cabo acciones para facilitar a sus ciudadanos el acceso a la red. Algunas de ellas son el establecimiento de la banda ancha en determinadas zonas, la adquisición y cesión de equipos e infraestructuras y la implantación de leyes relacionadas con la libertad de expresión e información a través de Internet.

                   A pesar de estas buenas intenciones, el posicionamiento frente a la brecha digital tiene una doble vertiente. Ha sido heredado del mandato colonial y del aprovechamiento de los recursos; es decir, de la hegemonía económica de los países históricamente desarrollados. Las naciones ricas no pretenden a efectos prácticos tener a más países que compitan contra ellos en los mercados. Por ello la brecha digital es la seguridad de que producir a su nivel aún es inalcanzable, un reflejo en la web de la incapacidad de los estados subdesarrollados. ¿Ser ético o triunfar en el capitalismo aplastante? En la diplomacia abierta está clara la opción, pero a la hora de planificar la economía queda abierta la veda a lo que ocurra (al fin y al cabo la mano es “invisible”). Y también, a aquello que nos demuestre qué define a la raza humana.

Conchi Castellano Nogales.

Fuente: ÉXITO EXPORTADOR. Estadísticas mundiales de Internet 2015. http://www.exitoexportador.com/stats.htm.

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